Miguel Durier, QEPD

Miguel solía recorrer los bares de Bogotá, donde hubiese buen rock, ahí estaba Miguel. Cuando yo pensaba que ya nada en la vida me sorprendía, en una noche bogotana de hace unos cuantos años tuve oportunidad de conocerlo. Muchas historias desfilaron y no poca admiración sentí. Quizá relatando historias que ha tenido que contar en muchas ocasiones, quizá respondiendo preguntas que todo el mundo le pregunta, y sin embargo, con disposición tal que se sorprendía por cada una de ellas como si fuese la primera vez que las contara.

Y de todo se habló: de las voces double-track que usaban The Beatles en sus grabaciones; de los comienzos de Los Flippers; del abandono que sufrían muchos de sus amigos de generación; de la música en la actualidad; de cómo se vive en Manhattan; de Lou Reed; de David Bowie; de Blondie; de Paul McCartney; de los Ramones; y hasta de por qué nuestra sociedad no tiene un lugar para las leyendas de ‘nuestro’ rock. Pues el fin de semana se fue Miguel, dejo este mundo siendo una leyenda, y quizá no haya notas a tres columnas en los periódicos, ni especiales de dos horas en televisión, pero muchos sabemos que una parte de nuestra historia se fue con Miguel Durier.