Belle & Sebastian - BBC Sessions (1996 - 2001)

Este disco nos recuerda esas cosas que hicieron que muchos nos enamoráramos de Belle & Sebastian, algunas de esas cosas, con el tiempo, cambiaron para bien, y otras no tanto. Este disco es para ese fanático introvertido y muchas veces tímido, del que prefiere sentarse a escuchar la simpleza de Tigermilk en la intimidad de su cuarto y no del que se sienta a ver cómo todos saltan en una fiesta con la exuberancia de The Life Pursuit; los dos extremos en la carrera de una banda, con sus matices y colores, con sus éxitos y fracasos, con sus simplezas y complejidades. Este disco es recordar a Isobel Campbell, es hacer un pequeño y merecido homenaje a Stuart David, es una intima dedicación a John Peel. Este disco se encarga de mostrar los inicios de una banda que parecía destinada a llenar los recuerdos de los desadaptados y de los aburridos. Este disco es como esa fotografía vieja de la que se habla en Slow Graffiti, aquella que miramos y miramos con nostalgia, mientras nos preguntamos qué fue de nosotros, y lo peor, qué será de nosotros. Este disco es una colección de canciones en vivo nunca puestas en una placa oficial, pero ampliamente conocidas por cualquiera que se haga llamar fan de Belle & Sebastian. Este disco no sólo tiene una de las carátulas más bonitas de toda la discografía de esta agrupación, sino que en su versión de lujo viene con un CD de un concierto en Belfast*. Este disco no es en absoluto de las mejores sesiones de la BBC de banda alguna, no es para nada de las mejores presentaciones en vivo de esta banda, muchas de sus canciones contienen errores y fallas evidentes; pero es Belle & Sebastian, y eso importa más que cualquier cosa.

* El concierto en Belfast fue hecho un mes después de la muerte de George Harrison, para esa ocasión B&S abrió con este cover de Here Comes The Sun.

The Beatles - Piggies

(Ya son siete años de la muerte de George Harrison y exactamente cuarenta del lanzamiento del Álbum Blanco).
The Beatles - Piggies
Has visto los cerditos pequeños arrastrándose en la mugre,
y para todos esos cerditos pequeños la vida va de mal en peor,
siempre llenándose de mugre para jugar.

Has visto los cerditos grandes con sus blancas camisas almidonadas,
encontrarás a los cerditos grandes sacudiéndose la mugre,
siempre con sus camisas blancas para jugar.

Con la vida asegurada en sus pocilgas, no les importa lo que pasa afuera,
en sus miradas falta algo, y lo que necesitan es una buena paliza.

En todas partes hay montones de cerditos, que llevan vidas de cerditos,
los puedes ver cuando salen a cenar con las cerditas de sus esposas,
y empuñan tenedores y cuchillos, para comerse todo el tocino.

The Beatles - You Know My Name (Look Up the Number)

No les pasa a ustedes que comienzan a escuchar una canción y sin saber cómo empiezan a sentir una especie de rara conexión con la misma. Seguro que sí. A mí me ha pasado muchas veces. Me paso con I Am The Walrus de The Beatles, con Slow Graffiti de Belle & Sebastian, con '39 de Queen, con You're so Great de Blur, con A Most Peculiar Man de Simon & Garfunkel, y recientemente con Daisy Click Clack de Stereolab.

No me refiero a ese gusto por canciones que con el tiempo se acentúa. No. Hablo de esa extraña conexión que aparece en el mismo instante de empezar a escuchar una canción, y que siempre aparecerá cuando uno vuelve a oírla. Una de las primeras canciones con las que recuerdo haber sentido eso fue con You Know My Name (Look Up The Number) de The Beatles. Una canción que siempre ha generado curiosidad, no sólo por su única frase que se repite en forma de mantra durante toda la canción, sino también por la variedad de estilos y ritmos por los que la canción se mueve.

Fue grabada en 1967 pero sólo publicada como lado B en 1969, en una versión editada de 4 minutos que difiere un tanto de la de 6 minutos 20 segundos que originalmente grabaron The Beatles. Se trata de prácticamente cinco diferentes canciones dentro de una, todas con la misma letra y el mismo sentido del absurdo.

El comienzo de la canción es excelente, con un suspenso muy bien creado durante los primeros cinco segundos, y una línea de bajo y batería perfectamente acoplados hasta cuando entra la voz, un coro muy recio que empieza con la letanía: you know my name, look up the number. Un piano acompaña esta primera parte muy convencional en el estilo de The Beatles, hasta el minuto 1:05, que es cuando viene una de las secciones más interesantes de la canción, acá aparece The Beatles haciendo ska del más crudo y directo. (¿Qué si The Beatles sabían que estaban haciendo ska? No se sabe, ¿Qué si fue algo intencional? Tampoco se sabe). En la tercera parte, la cual aparece alrededor del minuto 2:17, Lennon introduce a un tal Denis O'Bell, quien no es otro más que el mismo Paul McCartney, el cual continúa con la canción en formato Jazz, con una voz que parece parodiar a los cantantes de la década del cincuenta. La cuarta sección de la canción es la más extraña y menos convencional de todas, aparece en el minuto 3:45, es una mezcla de sonidos y voces en un juego casi infantil, que bien podría ser la banda sonora de la locura: una misma frase repitiéndose en voces muy cómicas y efectos poco comunes. La quinta y última parte de la canción, minuto 4:57, de nuevo trae cosas en formato Jazz, pero esta vez asemejado al sonido de cabaret y club nocturno, con John simulando los diálogos de los borrachos y un magistral solo de saxofón a cargo de Brian Jones, el difunto Rolling Stone.

Para algunos es una de las peores canciones del cuarteto, para mí es simplemente una de las canciones más brillantes de la banda, y definitivamente un momento único en la historia de The Beatles.

The Stone Roses - Waterfall

¿Cuándo una canción se convierte en clásico?, ¿Es algo de la psiquis personal o colectiva?, ¿Será que estos zapatos me quedan?. Eran algunas de las preguntas que me hacía cuando en una tienda de zapatos empezó a sonar Waterfall, la canción de los Stone Roses. Y es que en el momento en que sus notas comenzaron a invadir el aire sentí algo extraño, de inmediato mi mente y mi cuerpo se encontraron con algo que pocas veces ocurre: me sentía tranquilo. Una sensación de paz y emoción que no podía contener. Waterfall transmite eso. En parte porque era una canción que hacia mucho tiempo no escuchaba, pero también porque Waterfall es una canción perfecta. Pero más sorprendido estuve cuando mentalmente recorría cada una de las notas, prediciendo la letra y dándome cuenta que es una canción que conozco a la perfección, pero que no soy capaz de recordar si me piden cantarla, que sólo toma forma y se convierte en clásico al sentir ese magistral riff de guitarra por los altavoces de algún sistema de sonido, al saber que es Ian Brown quien con esa voz arrastrada hace levitar las palabras con moderado entusiasmo. Es un clásico, es un himno, es The Stone Roses.


The Kinks trabaja en nuevo disco

Definitivamente la noticia más grande, importante e histórica del día es que The Kinks está trabajando en un nuevo disco. (Let's all drink to the death of a clown)